Primeras impresiones de una estudiante en Estados Unidos
Me llamo Cristina Felix Santamaria. Tengo 17 años y me encuentro estudiando segundo de bachillerato en Estados Unidos. Siempre he sentido interés por conocer nuevas culturas y ciudades. Me encanta viajar, porque creo que es la mejor forma de conocer el mundo y sentirme parte de él.
Jamás pensé que a mi edad pudiera pasar todo un año fuera de mi casa. He de reconocer que aunque la idea me entusiasmaba al principio, también sentía cierta incertidumbre ante lo desconocido. Es cierto que ya había viajado sola, aunque nunca por tanto tiempo. Pero en el fondo, sabía que era una oportunidad única, una puerta abierta que no podía rechazar. Mi familia y amigos me apoyaron en mi decisión y los últimos meses junto a ellos pasaron sin darme cuenta. Pronto acabé las clases, el verano comenzó y con él, los últimos preparativos.
El día 3 de agosto me dirigí a Madrid con mis dos maletas y mis padres, dejando atras mi familia, amigos y mis ultimos años de la infancia. Allí coincidí con otros 15 adolescentes, que como yo habían elegido estudiar el próximo curso en Estados Unidos. Tuvimos la última reunión de orientación con CCI y unos consejos de última hora para acercarnos a un nuevo continente.
Pasé las primeras horas de avión con los otros chicos, en un vuelo Madrid-Philadelphia; y luego con Julia, una chica gaditana, hasta mi último destino: Denver. Todo fue ocurriendo entre deseos de conocer, ansias por llegar, emociones múltiples y un poco de nerviosismo ante lo que ya era inevitable.
Ya llevo algo más de dos meses junto a mi nueva familia americana y creo que estoy disfrutando mi estancia al máximo. Por lo que aun me cuesta creer todo lo que he hecho durante estas últimas semanas. Todo lo que me rodea es tan diferente, pero a la vez tan igual. Puedo estar muy lejos de mi pais pero me siento como en casa. Especialmente debido a la gente que me acompaña, cada día es un cúmulo de sentimientos y emociones.
Debo decir que nunca pensé encontrame tan feliz desde el comienzo. Pero la verdad es que no he tenido tiempo para el aburrimiento. Tan sólo una semana despues de mi llegada fue suficiente para comenzar el colegio. Las primeras impresiones, los nervios, el primer día, los primeros amigos... todo va pasando poco a poco y me doy cuenta que me empiezo a sentir como una alumna americana más. A veces puede pasar desapercibido, pero de repente me sorprendo cuando miro mis apuntes, entre clase y clase, visitas a la taquilla o en las conversaciones de autobús.
He estado ya en las primeras vacaciones familiares, en las Montañas Rocosas. Nunca pude imaginar lo maravillosas que son, tanto con nieve como sin ella, no me he cansado de tirar fotos. Dentro de mi nueva familia creo que me he convertido en uno de sus miembros. Me encanta jugar con el niño pequeño, las cenas en familia o las movie nights. Sin duda, es una parte fundamental y no puedo más que sentime afortunada.
En los fines de semana, me gusta salir con mis amigos al cine, al centro comercial, al parque... Paso buenos ratos en los partidos de futbol americano y disfruto con todas las actividades de mi nuevo instituto.
También, creo que puedo ver desde la distancia las primeras dificultades. Recuerdo la primera semana, cuando era incapaz de abrir mi taquilla, o cuando no encontraba la siguiente clase, los primeros tests… Sin duda, no sólo tengo pequeñas anécdotas para contar, sino momentos muy especiales que siempre quedarán en la memoria. Mi primer cumpleaños desde el otro lado del Atlántico será parte de ellos. Todavía sigo saboreando la sorpresa que me aguardaba tras llegar a la casa y encontrarme a todos mis vecinos y amigos entonando el “Happy Birthday”. Fue una noche inolvidable, nunca hubiera imaginado que pudiera ser tan maravillosa y llena de ilusion. Desde luego, no sólo se acoradaron los de este lado, sino mi familia y amigos. No paré de recibir felicitaciones, postales y hasta un ramo de flores de con todo el cariño de mis padres.
Tal vez, otros de los mejores momentos sean las primeras cenas españolas, las fotos para el anuario, las primeras compras en el centro comercial, las primeras tardes con mis amigos, las Montañas Rocosas…
Sin embargo, debo dar las gracias a la organización que me ha dado la oportunidad de vivir esta experiencia. Gracias por hacer realidad los sueños de personas que creen en la diversidad de culturas, buscan nuevas experiencias y se afanan por aprender cada día un poco más. A la vez, mi más profundo agradecimiento a Lori Needler y a su familia quienes han colaborado dando su aportación en este programa, ya que sin su beca no hubiera podido estar escribiendo esta carta. Finalmente, mencionar a mi familia y a todas las personas que han confiado en mí. Tan sólo espero estar en todo momento en la altura de la circunstancias y que durante este curso el tiempo no pase en vano. Deseo extraer de cada momento todo su jugo y seguir creciendo día tras día.
Nuevamente, muchas gracias por todo,
Cristina Félix Santamaría.






